El silencio cómplice de los organismos internacionales ante la represión en Cuba

CUBA HOY

Durante más de seis décadas, el pueblo cubano ha gritado en silencio.

Ha denunciado represión, tortura, censura y hambre, mientras muchos organismos internacionales miran hacia otro lado.

La comunidad global, que dice defender los derechos humanos, ha mantenido una actitud de cobarde neutralidad, permitiendo que el régimen de La Habana sobreviva bajo el disfraz de legitimidad diplomática.

El silencio, cuando hay injusticia, no es neutralidad: es complicidad.

Los derechos humanos que Cuba firma pero no cumple

Cuba es firmante de numerosos tratados internacionales, incluyendo el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Sin embargo, en la práctica, viola sistemáticamente todos sus principios fundamentales:

  • No hay libertad de prensa ni de asociación.
  • No existen elecciones libres ni partidos de oposición.
  • Se encarcela y tortura a quienes piensan diferente.

Aun así, muchos organismos internacionales mantienen relaciones normales con el régimen, e incluso lo elogian por supuestos “avances sociales”.

La ONU y su peligrosa indulgencia

Pocas cosas reflejan mejor la hipocresía del sistema internacional que ver a Cuba sentarse en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Un régimen que encarcela artistas, periodistas y opositores, forma parte del organismo que debería condenarlo.

Esa contradicción no es casualidad: responde a pactos políticos y alianzas ideológicas que pesan más que la verdad.

Cada vez que la ONU evita una condena contundente, legitima la represión en la isla y abandona a quienes sufren en silencio.

La OEA, Europa y el doble discurso

La Organización de Estados Americanos ha condenado en ocasiones las dictaduras del continente, pero Cuba sigue siendo un tema tabú.

El régimen fue suspendido en 1962, pero con el paso del tiempo la presión internacional se diluyó y muchos gobiernos prefirieron el acercamiento diplomático.

En Europa, algo similar ocurre:

Mientras el Parlamento Europeo ha emitido resoluciones claras contra la represión, la Unión Europea mantiene acuerdos comerciales y políticos con La Habana.

El dinero, una vez más, pesa más que los derechos humanos.

ONG y organismos que callan por conveniencia

Algunas organizaciones no gubernamentales, que deberían ser voz de los oprimidos, prefieren la prudencia ante Cuba.

Temen perder acceso, permisos o financiamiento para operar en la isla.

Así, su silencio se convierte en una forma de colaboración indirecta con el régimen.

Mientras tanto, activistas y presos políticos siguen pagando con años de cárcel la indiferencia del mundo.

El costo del silencio

Cada vez que un diplomático evita pronunciar la palabra “dictadura”,

cada vez que un organismo se abstiene de condenar una violación,

un cubano más es silenciado, un preso más es olvidado, una mentira más gana fuerza.

El costo del silencio internacional es humano y moral.

El pueblo cubano no necesita compasión ni discursos vacíos, sino solidaridad real, acciones concretas y valentía política.

La indiferencia internacional ha sido uno de los pilares que ha sostenido al régimen cubano.

Mientras los gobiernos y organismos callan, la represión continúa impune.

Pero los tiempos cambian.

Las redes, los periodistas independientes y los exiliados están rompiendo el cerco informativo, y el mundo comienza a ver la verdad.

Cuba no necesita diplomacia tibia.

Necesita conciencia, condena y compromiso con la libertad.

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