En Cuba, las palabras no siempre significan lo que parecen.
Desde 1959, el régimen ha hecho del lenguaje una herramienta de control, transformando el discurso en un muro invisible que separa la verdad de la propaganda.
Palabras como “revolución”, “patria” o “pueblo” fueron secuestradas y convertidas en armas ideológicas, mientras que otras, como “libertad” o “democracia”, fueron demonizadas.
El poder en Cuba no solo reprime con cárceles y censura, sino también con semántica y manipulación.
La revolución semántica del castrismo
Fidel Castro entendió desde el principio que controlar las palabras era controlar las mentes.
Así comenzó una reingeniería del lenguaje: se sustituyó la realidad por consignas, y los problemas por eufemismos.
No había hambre, sino “dificultades coyunturales”.
No había presos políticos, sino “mercenarios del imperio”.
No había dictadura, sino “democracia socialista”.
De esta forma, el régimen creó un universo lingüístico propio, donde el vocabulario servía para encubrir el fracaso.
La palabra como mecanismo de obediencia
En la escuela, en los medios, en el trabajo, todo cubano fue entrenado para repetir frases sin pensar.
“Somos continuidad”, “Patria o muerte”, “Socialismo o barbarie”.
Cada una de esas consignas es un dogma que suprime el pensamiento individual.
El lenguaje del régimen no comunica: ordena.
No busca diálogo, sino obediencia.
Y quien se atreve a romper ese guion corre el riesgo de ser señalado como “contrarrevolucionario”.
El miedo disfrazado de patriotismo
Quizás la manipulación más perversa ha sido asociar la patria con el régimen.
Durante décadas, se ha inculcado la idea de que amar a Cuba es amar al sistema.
Así, disentir se convierte en traición.
Criticar es “hacerle el juego al enemigo”.
El poder usa la palabra patria como un escudo para ocultar su miedo a la libertad.
Pero la verdadera patria no necesita consignas; se defiende con dignidad, verdad y justicia.
El despertar del lenguaje libre
Hoy, gracias a las redes y a la valentía de miles de cubanos dentro y fuera de la isla, el discurso oficial empieza a resquebrajarse.
Los jóvenes hablan sin miedo, llaman dictadura a la dictadura, y ya no necesitan permiso para decir la verdad.
El lenguaje libre es el primer paso hacia la libertad real.
Porque cuando un pueblo recupera las palabras, también recupera su voz, su identidad y su destino.
El castrismo construyó un imperio de mentiras sostenido por palabras vacías.
Pero ese lenguaje envejecido ya no puede ocultar la realidad.
Cada vez más cubanos están desaprendiendo el discurso oficial y redescubriendo la verdad.
La revolución no fue de los humildes, sino contra los humildes.
Y el silencio impuesto por décadas está empezando a romperse con las palabras que más temen los tiranos:
“Libertad”, “Cambio” y “Cuba para todos”.
