El precio de pensar diferente

REFLEXIONES

En Cuba, la libertad de pensamiento no existe.

El ciudadano que se atreve a cuestionar al régimen paga un precio que va más allá de multas o censura: pierde su empleo, su reputación y, a veces, su libertad.

Pensar diferente no es un derecho; es un acto de valentía. Cada opinión contraria a la narrativa oficial se convierte en una declaración de resistencia, y el Estado la trata como un crimen.

El miedo institucionalizado

Desde la escuela hasta el trabajo, se nos enseña a obedecer sin cuestionar.

Quien levanta la voz es rápidamente señalado, aislado o sancionado.

La sociedad, condicionada por años de propaganda y delación, aprende a mirar hacia otro lado.

El disidente vive en constante tensión, cuidando cada palabra, cada gesto, cada publicación en redes sociales.

Persecución laboral y social

El primer golpe casi siempre llega en el trabajo.

  • Despidos arbitrarios.
  • Negación de ascensos.
  • Exclusión de oportunidades educativas.

La presión social y familiar es el segundo golpe: los amigos se distancian, los vecinos sospechan, los familiares temen represalias.

Ser diferente en Cuba es vivir bajo vigilancia permanente, incluso cuando no hay policía de por medio.

El valor de la resistencia

Sin embargo, el precio de pensar distinto también revela la fuerza interior de los cubanos.

Cada acto de expresión, cada artículo escrito, cada denuncia es un acto de libertad.

Quien se atreve a desafiar la narrativa oficial se convierte en portador de esperanza, recordando que la verdad no se puede suprimir completamente.

Conclusión

Pensar diferente en Cuba tiene un costo alto, pero es la única manera de mantener la dignidad.

El régimen puede controlar calles y edificios, pero no puede controlar ideas.

El futuro de la isla depende de ciudadanos capaces de mantener viva la verdad, incluso bajo represión.

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